martes, 30 de diciembre de 2008

hubo un tiempo que fue hermoso


Me acuerdo, hará unos cuatro años, que estaba en un camping cerca del lago sureño Espejo Chico. Hacíamos fuego con unos amigos y gentes adheridas en la fugacidad de las relaciones vacacionales. Entre ellos había un israelí que estaba recorriendo Sudamérica a modo de año sabático, recién terminado el servicio militar en su país. Ahí, el muchacho rubiote de estilo hippón, contó que no estaba en contra del haber tenido que ir de manera obligatoria a un entrenamiento militar, le parecía “necesario”. En el training les daban armas y los mandaban a la línea de Gaza y a otras zonas de enfrentamiento. Así se curtían sobre la marcha, aprendiendo a disparar en caliente, con un enemigo puntual y delimitado. Como en esos juegos de autos, cien puntos por un palestino.

y próspero año nuevo



Pic de Nora Lezano

lunes, 29 de diciembre de 2008

sin paraíso, no hay tetas


Y con el cambio de costumbres viene el cambio en las preferencias. Los psicólogos han notado, desde hace un tiempo, que los gustos se tornan más conservadores durante las épocas de crisis. Los hombres buscan protección, prefieren los ambientes seguros, hacendosos. Un investigador de la Universidad de Illinois en Urbana mostró recientemente que el cambio anual del índice Dow Jones y el tamaño del busto de la Playmate del año (un buen compendio de los gustos sexuales de la coyuntura) se mueven al unísono, crecen y decrecen en concordancia (el coeficiente de correlación es de 0,36). Cuando el Dow sube, los bustos se expanden. Y cuando cae, se desinflan. En los buenos tiempos, priman las voluptuosas. En los malos, las recatadas. En suma, sin paraíso, no hay tetas.

(nota completa acá)

a secas


"Bebo para ahogar mis penas, pero las jodidas han aprendido a nadar"

Frida Kahlo

viernes, 26 de diciembre de 2008

de súbito, estalló la guerra


De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar
arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;
después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía
calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance
de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó
la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,
el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,
arriba de las calas.

Marosa di Giorgio, "Los papeles salvajes" 1991

lunes, 22 de diciembre de 2008

veranito online


Salió el nuevo número...

No Retornable

jueves, 18 de diciembre de 2008

el juego en la ciudad


Ya lo cantaba el indio: cuanto más alto trepa el monito, así es la vida, el culo más se le ve

miércoles, 17 de diciembre de 2008

martes, 16 de diciembre de 2008

pero que los hay, los hay


Es un oxímoron decir amor fracasado, si hay amor ¿cómo puede haber fracaso? No se puede mimar un objeto sin amarlo.

"El lugar del artista". Entrevista a Osvaldo Lamborghini.

lunes, 15 de diciembre de 2008

my broda en euross


Sisi, roma ya nos la aprendimos bastante. El anteúltimo día fuimos a caminar por las afueras porque ya habiamos visto masomenos todo y pasamos por casualidad por la basílica de san pablo que no estaba en nuestros planes y era increíble. fuimos a piazza spagna en metro porque había algo como una festividad religiosa y el pedofilo, como lo llamaba el conserje brasilero de nuestro segundo hostel, salio con el vatimovil por las calles y le pusieron una corona a una estatua. a mi me hizo acordar al día de la primavera en bsas por la cantidad de gente y todo

Después fuimos al otro hostel, uno mas barato y mas cerca de termini, atendido por un indio y un nijeriano muy buena onda (antes habiamos conocido 3 indios, juegan todos al cricket parece). el nijeriano cocinaba pasta muy bien y la cena, al igual que el desayuno, estaban incluidos. Lo gracioso es que solo sabía cocinar italiano. A la noche llegaron varios indios porque era el cumpleaños de alguno creo y comimos como un tiramisu medio extraño pero que estaba bueno. también estaban unos suizos que habían participado en el torneo mundial de wining eleven que se hacia en roma por esos días (el juego de playstation) y nos contaban que estaban entrenando todo el día, eran medio aparatosos.

Al día siguiente, o sea hoy, fuimos al vaticano (solo al museo porque habia estado cerrado antes, la inglesia ya la habiamos visto) y yo fui practicamente directo a la capilla sixtina porque no quería llegar cansado, igual me re cansé porque el camino es largísimo. Como la capilla estaba al final, después tuve que volver para atrás (en contra de la corriente de gente) para buscar "la escuela de Atenas" de Rafael que me la habia perdido por apurarme y busque el pensado de rodin pero no llegue a encontrarlo.

Después fuimos para el hostel, buscamos las mochilas, nos despedimos del nigeriano y fuimos a termini y nos tomamos el tren a firenze, como el boleto costaba £1.5, pasamos pero no lo validamos (en la maquina), lo cual casi nos cuesta a nosotros y a un brasilero militar una multa de £45. Pero bueno, al final todo bien, después vinimos a un hostel con ese brasilero. hay cocina y cosas, es bastante lindo. Salimos a caminar de noche (a las 18) y esta todo mas cerrado que en roma y menos gente y mas chiquito.

Ya compre un regalo que, como todo buen regalo, es mas para mi que para ustedes. quisiera decirte que es pero es mejor mantener la sorpresa.

Saludos!


PD: que mamá lea este mail así no molesta

domingo, 14 de diciembre de 2008

terracita



y yo comiendo pochoclo detrás de la palmera

jueves, 11 de diciembre de 2008

tetas de bailarina


Siempre quise bailar y, según me dijeron, había algo de innato en eso. De chica sabía seguir un ritmo con bastante gracia y tenía buena elasticidad: podía abrirme de piernas y apoyar mi panza contra el piso. Además, mi cuerpo daba esa idea de desarrollo atlético, todavía hoy la da, por tener espalda grande, poca teta y mucha fibra. Así que mi vieja empezó a llevarme a Ferro, para lo cual había que tomarse dos bondis y viajar más de una hora. Lo sé porque ella todavía, cuando se acuerda, me lo recrimina. Antes de ir, me tiraba en el pelo con un rociador que usaba para regar las plantas en el balcón y, cuando lo tenía todo para atrás, lo anudaba lo más tirante que podía. Después me ponía algunos ganchitos para que no se deshiciera y me metía en un conjuntito negro de tela elastizada con mariposas verde flúor en una de las mangas. Me gustaba ir a las clases. Éramos doce chicas, todas de la misma edad. Algunas sabían más, pero yo podía abrirme de piernas y apoyar la panza contra el piso, el resto no, mucho menos la nena que tenía el brazo izquierdo corto, casi la mitad que el del derecho, al final del cual colgaba una mano todavía más chiquita, como la de un bebé. A ninguna de mis compañeras, que estaban acostumbradas a verla desde principio de año, les molestaba. A mí, debo admitir, me daba un poco de asco. Un día la profesora de danza nos hizo formar parejas para hacer un ejercicio y a mi me tocó con la del brazo corto. Fue raro. Sus deditos se movían sobre mi mano, parecían gusanos. A mi me impresionó tanto que, después de eso, no quise ir más.

Seguí practicando frente al espejo de casa, ponía el tocadiscos y bailaba, ya sin puntas de pie. Cuando a mi vieja se le pasó la calentura de que hubiera abandonado las clases de Ferro sin motivo aparente, me llevó a otro lugar de danza contemporánea. De todas formas no duré mucho, apenas un par de meses. Del lugar casi perdí registro, de no ser por unas fotos que me sacaron en el teatro el día de la presentación. Tenía un top color crema con un pantalón haciendo juego. En el momento del saludo final, inmortalizado por la foto, levanté los brazos y el top se me subió hasta el cuello. No volví a pisar una sala hasta bastante más grande, cuando empecé danza jazz. Ya estaba en la facultad y había perdido una parte considerable, si no toda, de mi elasticidad. También el ritmo. La adolescencia me dio más centímetros a lo alto de los que supe manejar y mi cuerpo quedó fijado en una posición eternamente desgarbada, con los brazos a los costados, persiguiendo los acordes, sin saber muy bien qué hacer. Fui durante todo el año, a pesar de que me daba vergüenza ser la única que superaba los veinte años. Estaba en desventaja en todos los aspectos, excepto por la altura, que al final me jugó bastante en contra. En el acto de presentación me tuve que poner una maya que no estaba hecha para mis dimensiones y me quedaba tirante. El elástico de abajo se me clavaba y las tiras de arriba amenazaban con dejar mis pezones al descubierto. Me lo probé en el vestidor minutos antes de salir y no lo podía creer. Era obvio que me iba a pasar de nuevo, al momento de los saludos, levantaría los brazos y quedarían expuestos ambos pezones, flotando en una espalda demasiado grande, demasiado lisa, como manchas de humedad adheridas a la pared de mi cuerpo. Por suerte esa vez no invité a nadie, por lo que las fotos al descubierto estarán guardadas en álbumes que, al menos esta vez, no son de gente que conozco. Claramente dejé de ir después de eso, más bien enojada por el entangado que otra cosa porque, a esta altura, que se me vean las tetas en una muestra de baile no me parece tan terrible. Sobre todo pensando que eso, junto con mi espalda y la parte de mi cuerpo que fue menos afectada por la ley de gravedad, son lo que más me asemejan a una bailarina.

Este año, una vez más, quise probar suerte, y le llegó el turno a la danza afrocubana. Aprendí a bailar Palo, moviendo los hombros y dando pasos secos, cortados. Me costaba porque había que estar siempre con las rodillas flexionadas, como cayéndose hacia el suelo. Yo que siempre tuve el trauma de ser demasiado encorvada, acentuar eso me parecía ridículo. Todo el tiempo la profesora remarcaba que tenía que acercarme más al piso, ir en esa dirección. Nunca supe si se estaba burlando de mí o qué. Igual hasta ahí todo bien: el problema empezó cuando un día nos propuso exponer lo que habíamos aprendido. Yo hacía dos meses que estaba y, la verdad, no había aprendido nada. Me entró pánico. Me movía como un mono y eso, pasada cierta edad, deja de ser tierno para volverse grotesco. Cada vez que iba a la clase, tenía que comerme quince minutos de que hablaran del salón, de la música y de la ropa que teníamos que ponernos. Yo me quedaba en mi rincón, elongando, tratando de recuperar el tiempo perdido, haciéndome la boluda. Ahí empezó la cuenta regresiva. Faltaban tres semanas para la muestra, lo que me daba menos de dos semanas para inventar una excusa y desaparecer. Al final me decidí: dije que me iba de viaje a Chaco, lo cual era cierto, pero cambié las fechas y estiré mi estadía para que no hubiera forma de poder participar. La profesora me miró seria y asintió con la cabeza. Mañana es la muestra y, supuestamente, yo todavía sigo en Chaco.

martes, 9 de diciembre de 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

sin mayonesa


Hay un instante que define la identidad de una persona. El otro día fui a un café para leer y en la mesa de al lado se pidieron un tostado. Un rato después, se levantaron y se fueron. Vi sobre el plato un triángulo perfecto, isósceles, bronceado. El mozo giró la cabeza para verlos salir. Era el momento perfecto

miércoles, 3 de diciembre de 2008

fuerza bruta


En la misma formulación del Estado moderno está inscripta la violencia, dice Weber, ya que es un conjunto de instituciones relativamente centralizadas que la monopolizan de manera legítima. Éste, por lo tanto, ejerce cierta disciplina, relacionada con el concepto de panóptico. Sorell diferencia dos términos, fuerza y violencia, que Weber utiliza como uno solo. La fuerza son los actos de autoridad, mientras la violencia son aquellos actos de rebeldía opuestos a la autoridad. La violencia está de abajo para arriba y es la única que posibilita que haya cambios, no hay otro modo.

I wanna make you flashear


¿Deciden qué van a hacer sobre el escenario?
-Cada vez más. No es algo que nos dé igual. La verdad es que nos preocupa. Pensamos: “deberíamos”. Nos preocupa no preocuparnos.
-Somos medio caóticos con la organización.
-Hacemos lo que podemos.
-Les usamos los cables a las otras bandas.
-¡No digas eso!

Entrevista a Michael Mike x Darío Steinberg
próximamente en wkd

martes, 2 de diciembre de 2008

pequeñas frustraciones


Es la segunda planta que se me muere este año. Creo que está empezando a afectarme.

joven guardia